domingo, 9 de noviembre de 2014

La vida acercada



Se nos acabó la vida
apenas entraste
por aquella boca saciada de hambre
donde no había aldaba ni silencio.
Pensé en los años con que mira mi madre
y los años que miran a mi madre
como hidrópicos ancianos a la orilla de un océano
que va siendo desembocadura
y cada vez más río.
Se nos acabó la vida en la consciencia,
cuando quisimos concretamente
y no oíamos los árboles caerse en ninguna parte
-tanto da por muertos que por sordos-.
Cuando nos dimos cuenta eramos niños
que apenas recordaban su vejez
al gargajeo del café amargo.

4 comentarios:

  1. Cuando sea niño sabré de ese café amargo, por ahora desde mi madurez admiro tu clara manera de escribir.
    Un gusto pasar por aquí, besos.

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