domingo, 14 de septiembre de 2014

Los ratos acabados del olvido, vente

Se ven tus ojos en mis ojos
Como si tu memoria,
En ti se reúnen mis ojos
Como si de ti fueran las ciudades
Y ésta una tierra de ciudades.
Y al canto de los pájaros perdidos
En este lugar hambriento del encuentro
Es tu voz un nido de aves emigradas.
Porque los caminos, amor, son el azar de las fronteras
y las fronteras el amor desocurrido,
el olvido del tránsito.
El silencio es abrumador,
el alcohol una cuchilla que corta mi garganta
en espacios de ansiedades sordas
que te vomitan en el efluvio tormentoso de la madrugada.
Los ratos acabados del olvido
y la angustia de la memoria tangente.
Vente.
Haz de este helecho un sentido húmedo de la palabra.
Desvierte la riqueza en el provecho de mi hospicio.
Nácete en la boca de la digestión longeva.
Y pervierte el canto con caldos proteínicos
y aceitunas y haciendas inagotables.
Vente. Vente, maldita sea, vente.

1 comentario: