jueves, 12 de junio de 2014

Quizás aplastados

Nos ha aplastado
una sombra de muchos metros.
Ha ido regando de nadies
los nombres que los hombres
alguna vez sirvieron de latifundios.
Sacudidos por un mazo ensangrentado,
el cordero en cada puerta
y los rostros ya rojos de aquellos
que se comen a sus vecinos.
Esta ansiedad de lo próximo
se siente en mi cuerpo níveo
como un golpe de incendios,
 vértigo y vergüenza.
Perdidos de la gravedad,
veremos las caídas alejarse hacia lo alto
mientras sus lágrimas se secan paulatinamente
dejando una escasa lluvia en tierra de secano.
Y los hombres pulcros piensan:
“No tanto, no tanto”

4 comentarios:

  1. Una sombra que incluso algunos hombres masacrados ven como amiga...

    ResponderEliminar
  2. los hombres hombro caen en tromba
    y quiénes, [?] venlos caer
    sin vértigo
    hartos de verdad

    ResponderEliminar