jueves, 15 de agosto de 2013

Nos vi negro anoche

Anoche lloré como de nunca
que no me hieran las mañanas.
Tuve que verme continuarme
con los ojos de todas las sienes lúgubres.

Tuve que verme atrofiarnos
en la querencia jorobada impúdica
por la costumbre enfermiza
de vernos el paso sin el camino.

Vi degenerarse la mirada a gatas,
la vi huir arrastrada de gentiles córneas
abrasadas o inundadas sin rescate válido
a las cuencas plácidas que se conoce.

Tuve que ver el habla deformarse,
cubrir la razón de bombín y capa;
tuve que ver las manos dejar de andar a su favor
y volvernos negro, anoche,
y entre tanto nada.