viernes, 22 de marzo de 2013

Des-unir-nos


Titubeo en tu espasmo erguido
que es lactante en tu latido lávico
como el grito que es furtivo en otra parte
y amenaza abalanzarse a nuestro fuerte.

Descorchemos el atisbo de implosiones
remendando en lo profundo tierra yerma,
tierra sola, amago de, un casi caerse
que se colme en su otra boca red abierta.

Cuando la luz se derrote, huyámonos y volvamos,
esparzamos corchos lúdicos en nuestra impúdica búsqueda
aunque hallémonos truncados de palpación mutua.

Y ya en el deslazar que grita nudo,
arrojarnos en cristal que es lago calmo
y en el brindis victorioso hacernos muertos.

martes, 19 de marzo de 2013

Asilo de nombres


Este lugar de senectud doliente,
esta marisma de putrefacción etérea,
este lugar asilo de nombres
que retumba egos casposos de pretumba.

El preludio de la siempre desmemoria
se pasea sostenido en vara de sauce
si no a gatas humillándose inocente
de sus causas y sus prólogos resueltos.

De sus babas contagiadas de baldosa
se discurren impotencias de primera página.
Se escurren en su propia incontinencia
claudicados, obsoletos de apelación lúbrica.

Alienados gritan unos a sus féminas,
cómplices llámanse otros, desesperados,
¡que me nombren, que me escriban, que me hablen,
que me aviven los sentidos y los actos!

¡Que me empolven las arrugas de primeras piedras!
¡Que se ahogue el ratón de usura en mi trueque último!
¡Que yo, que yo, nombre llorado y gemido...!
¡Que se me arranquen los gritos si en mi voz quedan extintos!

Este lugar de ánimas huéspedes,
este ocaso del ruido fúnebre,
este lugar asilo de nombres
que descarta con silencio cualquier tregua.

martes, 12 de marzo de 2013

El luto de la voz eterna


Es esta lágrima viuda de su sangre retirada
derribada del ocaso de metal acuchillado;
es herirse de un apéndice que asoma puntal lenguado
de la mano que se tumba en su falange en negrura.

Es el ansia de atorado que se nace escupitajo
cuando esparce la simiente en ex tunc barriga estéril,
o la cama de huracanes que se enredan cual zarajo
que se cuelga postergando el alimento en quijoteras.

Es un corre que me pillo cuando no hay te que lo ahogue
si se arrugan resignados en sus frentes celulosas,
cuando lloro deslazados desenlaces en borrones
los latidos consonantes del orgasmo arrepentido.

Es un yacer anhelado que entumece la presencia
si es que decide invitarse de un afán comunitario,
que hay quien no se intuye bajo ingrávido sudario
como de no haber nariz, ni pecho bien aparente.

Impregnar santo entierro de letal pestilencia,
que las misas de abanicos mezan la palabra cálida;
Es verterse gota negra en caudal de efervescencia
que cuente vapor desnudo y nos desprenda sudados.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Estómego


En esta encrucijada disyuntiva entre dos tercios,
capitulando quehaceres, sinos y síntomas,
apartándome variable de la suma de los necios,
tríptico quebrado en el caudal y sus alícuotas.

Huyo de esa infancia postergada e insegura
cuando aviva el sentimiento de apariencias grandes,
presunción que lame madres y excusa culpables
que no caben por sus puertas, de grandes u obtusas.

Corro de los vacuos mitos y los méritos,
rápida de ilusiones, de álgebras etéreas,
de los estómegos únicos de únicos pútridos
estreñidos continentes de sus diarreas.

Huyo de la mano que alimenta el desperdicio
con desprecios arrojados en formas de cortesía,
cuando ensalzan su despensa a impotentes de codicia
presentándose en ofrendas que no cuentan sus oficios.

Y es que los narcisos, cuando lejos, son marchitos
pues el hombre evita el riego a la flor que ya madura;
y aunque adornen el granito soliloquios en sus nichos
propia es la sed satisfecha que les da sepultura.