jueves, 31 de enero de 2013

El poeta atrincherado


A ti, que tratas de encontrarme
entre mis propios laberintos.


Si ocurrírseme cienes pudieran,
si escurrírseme siquiera...
discurrirme de las sienes las prisiones,
antónimos si prisión dijera.

Traer el fuego resfriado a los prospectos
-o ejecutar en el verso un escuadrón de insectos-
por terco dramatismo de gasóleo abyecto
-porque vil de ser aguda quiebra el efecto-,
añadir que en consonancia se lo inyecto
y en dicción de practicante sincopa erecto
-no por excitado sino en lírico defecto-.

O que desenfundo la metáfora a destiempo
sabiendo en desbandadas del disparo mi destierro,
saliendo de la plaza mudo y a pecho cubierto
y las ropas pringosas de pétalos de excremento.

Discurrirme de las sienes farsantes quimeras:
me derramo de vacua vida sangre en la arena;
¡ocurrírseme la muerte de que un día quisiera!
escurrírseme en febril sudor si tan siquiera...

jueves, 24 de enero de 2013

Salvemos a las ballenas


Vivir en un blanco abierto,
ojos gigantes y a mis pies nada.
Atrás salpicaduras, todo encharcado:
pulmones y ranas aplastados.

Amputarme un brazo o dos,
imagino un acuario chic de formol.
Piernas sorteando algas de plástico
y al fondo papel pintado de los setenta.

(Y para no arrugarme...)

Dormir en un lecho casi vivo de bolsas grises,
delicia de residuos que intuyo pestilencia bajo sábana,
soñar veranos en Venecia y despertarme las raspas,
confesionario que haga las veces de objetos perdidos.

Descubrirme la muerte en la diapositiva
aterrizando con un torso en el fast forward.
Tragarme el punto final incendiado
y testigo dejar que ardan las reminiscencias.

miércoles, 16 de enero de 2013

De tu mano que averigua


Para sentirte descubriéndome las olas
finjo que duermo entre las pestañas;
para encubrirte en mi ceguera la osadía,
ya tu curva, de tu mano que averigua.

Nacen, aun ahogándome, los mares
e incito como cambiando de sueño,
que alegaré agitador si me desvelas,
intención desde mi ausencia consentida.

Y en esa fracción hierven los párpados
pues no abarcan a ver dichosa escena.
Arde esta ópera que hace al tenor
dar la espalda a su ferviente audiencia.

Después somos compás que yace abierto
desde un vértice que es beso hasta las minas descalzas;
después de diluirnos barro, agua y trinchera,
se intuyen en el felpudo los galianos.



lunes, 14 de enero de 2013

Terapia de desmierde III


Es cuestión de elección. Lo que en economía sería un coste de oportunidad, aquí es pragmatismo, prioridad. ¿Qué queremos ser?
Es curioso, cuando nos hacen esa pregunta siendo preescolares nos remitimos directamente a las páginas amarillas. A... B...C...Cantante.
Supongo que por esa razón dejamos de preocuparnos del contenido. Nadie dice H...Hombre.
Es fácil sacarse una carrera, sacar ciertas notas, hacer un máster...Guía del profesional Vol. I.
Es sencillo colgarse un traje, incluso cuando no lo es, y adoptar la pose aplicando todo eso que hemos aprendido previamente. Conocemos las reglas, el código deontológico en el que movernos amarrados a un motivo generalmente dinerario.
El problema surge cuando se trata de una elección en la que no existe uniforme universal identificable, código de actuación o labor tangible. No hablo del hombre, hablo del artista.
Nadie termina de saber qué es el arte más allá de su perspectiva, ni siquiera me dignaré a buscarlo en RAE ni intentaré ser yo quien lo defina.
Pero el artista, el artista es un concepto más o menos concreto, mejor dicho, concretado.
Dícese de aquel sujeto que ejerce la reflexión y creación, con algo de místico, algo de bohemio, algo de desaliñado, algo de nocturno, algo de trovador, algo de culto, algo de drogadicto, algo de profundo, algo de irresponsable...y un largo etcétera en el catálogo de clichés/accesorios.
El inconformismo es un síntoma/actitud muy de artista, los artistas son seres infelices y taciturnos por esa insatisfacción continua que les desvela y que les hace fumar y dejar la ropa pudriéndose en la lavadora. De hecho un artista no quiere la felicidad, pues le aleja de la verdad, ya que la verdad es triste. Hay que enmierdarse hasta las orejas para conseguir escribir un gran poema o reflejar una realidad oscura a base de neutros en un lienzo. Hay pintores que usan su propia sangre como bermellón. Es arte, seguramente. Muy de corazón.
Vuelvo a formular la pregunta: ¿Qué queremos ser?
Es cierto que cada cual es sus circunstancias, es cierto que se escribe mejor desde la experiencia o el dolor, es cierto que no todos visten de negro pero, ¿no es absurdo enfundarse de bombero cuando riegas el patio?
Lo es, tanto como pintarse la ropa a brochazos para salir a la calle o desatender, esquivar, todo aquello que potencialmente nos haría felices.
Todos comemos, dormimos, fregamos el váter y nos resfriamos de vez en cuando.
Lo lamentable es fingir que eso no sucede, que somos un montón de escombros tirado en un callejón lleno de gatos y putas y botellas de alcohol y peleas. Entiendo que eso pase, que haya quien vive así, pero es contraproducente vender que vivimos en ese contexto y esperar en los demás sinceridad y honestidad porque el virtuosismo se aleja de la realidad.
Somos infelices porque nos recreamos en la autocompasión, en el lamento, en el gris.
Todo es una porquería, el mundo es un estrangulamiento lento de egos y patrañas... ¿Sinceramente? Mañana te levantas a las 7, llevas a tus hijos al colegio, te tomas un café para espabilar y fichar a las 9. Pero esto no sirve ni para calzar una mesa.
Nos hemos mercantilizado, vendido a nosotros mismos, al artista que exige sacar heridas de donde podría no haberlas. Vivir en un paralelo bukowskiano donde reine la oscuridad y lo incorrecto.
Pero a diferencia de este, tenemos una pretensión narcisista de nosotros mismos: llegar, impactar, hacer ver una elección contando que somos deshechos sociales sin dejar al azar ese juicio externo mostrando nuestra verdadera vida. -Estoy jodido. -Yo más, ya verás.
El dueño de un desguace que cuando llega a casa lo tira todo.
Pero eso no es una elección, es una farsa de existencia que encaja con lo que se cuenta. El autoengaño por antonomasia que es saber que tú no eres importante, que tus circunstancias vitales no le interesan a nadie, derivado todo ello de ensanchamientos de ego provocados por esa ficción que, por lo tanto, se irá repitiendo, acrecentando y perfeccionando hasta sólo vivir del personaje; ahuyentando todo aquello que distrae esa atención o ese papel, destrozando el decorado hasta llenar tu correo de furcias (y furcios) que se alimenten de tu creación.
¿Y qué nos queda? Descubrir que todo es aire y fantasía. Que has aniquilado, tapiado la esperanza de luz real en pos de la tragedia escrita. Tragedia que también sirve para estar solo y vacío mucho tiempo y, ahora sí, escribir como Bukowski.

viernes, 11 de enero de 2013

Asimilarnos


De la costumbre de la mañana,
de la reincidencia de la noche,
dueño de la inercia y el disloque,
tanto arrollador, tanto desmembrada.

Y a la luz virgen, la tez revelada
de vida nueva en la misma muda,
de nuevo mima en la misma duda,
renace del letargo como desgajada.

Ase la piel cual de amor costuras
que se nacen del abrir a la aurora el llanto,
se inundan los antebesos de común baño
e incuban de futuro tiernas hechuras.

En lo que vuelven los apóstrofes
de que cubres, de que arrancas, de que abrasas;
mientras que en suspenso me cobija el alba
descarno la humedad, rescato las catástrofes.


miércoles, 9 de enero de 2013

Selección natural (ramas hacia sus hallazgos)


De que por mi amigo me conozcan
es cuestión que no me crea duda,
sí algo de necesidad ausente
o de que llueva en abril.

Y esto no es baladí,
pues no he visto quien se peine
perfectos tupés ondeados
mirándose a una pared.

Pero no digo que usted,
mendrugo de mental planicie,
requiera un simple escupitajo
para moldearse la sien.

O colmarse a sí de nadies
que de absurdo es hucha llena
de botones tapizados de papel
reminiscente arrugado de meriendas.

Puesto que emano del contexto
no me interesan los ornamentos
que pudieran excusar mis acepciones
vistiendo las chimeneas de visillos.

Pero no digo que aquellos,
escurridizos patéticos del asiento externo
que revela de humanismo los vagones,
no deban ser enterrados boca abajo,

bulbáceos, y a la sombra de los árboles.
Observen que estos crecen su cuerpo,
dejan ir las hojas que son nutrientes
y en el fluir, de su memoria, se conservan.

Digo que mi columna es de enredadera
imán de búsquedas y hallazgos fértiles.
Miren que la brisa a veces arrasa
y otras germina tras la lluvia.



-Quedándome el índice y el corazón
aún puedo hacerme el DNI y fumarme un cigarrillo.-