domingo, 6 de octubre de 2013

Seré siempre

Me sangra la existencia de servirla... Rechaza la vida las flores a la altura del pecho, repele el metal, sin verbo las palabras. ¿Para qué tanta magia? Lo he visto tantas veces...
Olvidaré la memoria y seré siempre. Nueva una, nueva todas. Nueva sin saberme a cuchara vacía, acero que no lamerme y que borbote pintura eterna huella mía. Cometerme sin anhelo ni tragedia estéril. Tragedia. Malcriada narcisista sempiterna que, en su miedo a envejecer, muere cuando deja de mirarse. Libre que me duela el aire, huésped de mis arterias. ¿Para qué jurarme? No esperar nada, no esperar nada... Así me comeré la sorpresa como un tren quieto que no me espere. Veré las vistas de las ventanillas de los otros y entenderé y diré gracias.


Ocuparme las ideas de cuentos chinos, chamuscarme el cerebro con un cirio. Busco. Un cirio de esos de medio euro de una caja de los rezos a los muertos. Y sanarme así los miedos de los padres nuestros y los nuestros, que son sombras que nos comen los pies. Latirán mis manos y serán mis obras pálpito sin aire. Enterraré entonces mi cadáver. Olvidaré la memoria y seré siempre.

3 comentarios:

  1. Mirá... al escribir esto, te eternizaste. Un poco nos sanaste, también. Un abrazo.

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  2. Los miedos, el olvido... Y siempre volver a ser, libre y bella.

    Besos

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