miércoles, 6 de marzo de 2013

Estómego


En esta encrucijada disyuntiva entre dos tercios,
capitulando quehaceres, sinos y síntomas,
apartándome variable de la suma de los necios,
tríptico quebrado en el caudal y sus alícuotas.

Huyo de esa infancia postergada e insegura
cuando aviva el sentimiento de apariencias grandes,
presunción que lame madres y excusa culpables
que no caben por sus puertas, de grandes u obtusas.

Corro de los vacuos mitos y los méritos,
rápida de ilusiones, de álgebras etéreas,
de los estómegos únicos de únicos pútridos
estreñidos continentes de sus diarreas.

Huyo de la mano que alimenta el desperdicio
con desprecios arrojados en formas de cortesía,
cuando ensalzan su despensa a impotentes de codicia
presentándose en ofrendas que no cuentan sus oficios.

Y es que los narcisos, cuando lejos, son marchitos
pues el hombre evita el riego a la flor que ya madura;
y aunque adornen el granito soliloquios en sus nichos
propia es la sed satisfecha que les da sepultura.

3 comentarios:

  1. Es tu cabecita la más valiosa alícuota de ti. Me ha gustado mucho, de mí no te apartes nunca, querida.

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  2. Me vi en una clase de álgebra y de pronto el profesor muta en alimaña.

    Un beso.

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  3. ¿Por qué? Mejor dicho: ¡por qué!

    Técnica: vuelve a aparecer la aliteración matemáticamente lectora-interna perfecta. Contenido: problemas generacionales, me refiero: ¿álgebras más f.?; ¿en serio?


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