miércoles, 11 de diciembre de 2013

La muerte sucesiva



Cuando los placeres nuestros
cambien a otros nombres
habremos demostrado su carencia
y la senectud innata que pare adultos
como ferviente querencia
que se vierte agua gélida.

Habremos desaparecido ya antes
en las fosas de las cosas perpetuas
que nos sobrepasen sin apellido colgado
y no dejen persona vislumbrar alguna,
opacidad en degradación.

Seremos igualmente vacuos
y efímeros como los arrepentimientos
que fueron antes tragedia que desliz
y comedia finalmente.

Habremos visto tantas bocas de nunca
de panegíricos desalentadas en el sepelio,
que sólo un mudo o un cajón vacío
que haya vencido y ni guarde ni cierre
podrán antojársenos azar
al hecho de la muerte.




jueves, 24 de octubre de 2013

En lo alto de siempre

Estoy en lo alto de la vida
siendo todos los inviernos.
Siento ganas de caerme en los abetos
de hace casi una historia.

Apenas han venido seis trajeados
mirando el camino que ha estado siempre
como de no haber nunca nacido
o llevado puños negros en el vientre.

Gritan:
¡¿Qué es aquello más allá de las orillas?!
Subidos unos en otros a los muros:
¡Que robe el aire el testigo a su difunto!
¡O que ahogue la huella a los futuros!

No han llovido aún tantos guijarros
cuando estoy casi en lo alto de la vida
soportando la sequía de los pecados
que hace llanos en los ríos que se agotan.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Torrente selvático

Cuando el pueblo de las verbenas
era una tragedia de vestidos clavados
que enrojecían de la costumbre
y volvían los alientos a sus dueños.

Cuando el tiempo desnudó mi gana
y se vieron en su piel besos dormidos
como si desvanecidos insectos lunares
de un cuerpo níveo y famélico.

Cuando tu silencio fue de mi boca
un mueble viejo y corvado
vacío de tiempo y pretensiones
que tuvo ser ascuas alguna vez.

Cuando mis ojos salieron a ser árboles
a cada hoja que volaba sin otoño,
y a mí ya me había engullido
un desértico torrente selvático.

domingo, 6 de octubre de 2013

Seré siempre

Me sangra la existencia de servirla... Rechaza la vida las flores a la altura del pecho, repele el metal, sin verbo las palabras. ¿Para qué tanta magia? Lo he visto tantas veces...
Olvidaré la memoria y seré siempre. Nueva una, nueva todas. Nueva sin saberme a cuchara vacía, acero que no lamerme y que borbote pintura eterna huella mía. Cometerme sin anhelo ni tragedia estéril. Tragedia. Malcriada narcisista sempiterna que, en su miedo a envejecer, muere cuando deja de mirarse. Libre que me duela el aire, huésped de mis arterias. ¿Para qué jurarme? No esperar nada, no esperar nada... Así me comeré la sorpresa como un tren quieto que no me espere. Veré las vistas de las ventanillas de los otros y entenderé y diré gracias.


Ocuparme las ideas de cuentos chinos, chamuscarme el cerebro con un cirio. Busco. Un cirio de esos de medio euro de una caja de los rezos a los muertos. Y sanarme así los miedos de los padres nuestros y los nuestros, que son sombras que nos comen los pies. Latirán mis manos y serán mis obras pálpito sin aire. Enterraré entonces mi cadáver. Olvidaré la memoria y seré siempre.

sábado, 21 de septiembre de 2013

(La besa)


-Quítame las flores del balcón,
anda, que se me antojan puntillas.
Que te bailan las enaguas al rubor
y en lo alto la costumbre se me olvida.

-Que me miras tú, tú que me callas,
que me apartas a la sombra de las guardias,
a qué espera tu arrebato si no al permiso
que le preste voluntad a mi compromiso.

                  (La besa)

-Y que no se quede en tus labios el beso.
Y que se entierre, que penetre, que crezca
el beso, que no llame a tu puerta,
que la tire y también que robe tan falsos ruegos.

-No es mi llanto para burlas ni corralas,
es la sed que me desborda las entrañas
pues tu boca es de estraperlo sin aldaba
y hace un beso un batallar sin retaguardia.

-Calla, calla otra vez, niña blanca.
Limpio es mi amor y hombre el hambre.
Mis manos no están sucias de la trampa,
mis manos vuelven limpias de buscarte.




jueves, 15 de agosto de 2013

Nos vi negro anoche

Anoche lloré como de nunca
que no me hieran las mañanas.
Tuve que verme continuarme
con los ojos de todas las sienes lúgubres.

Tuve que verme atrofiarnos
en la querencia jorobada impúdica
por la costumbre enfermiza
de vernos el paso sin el camino.

Vi degenerarse la mirada a gatas,
la vi huir arrastrada de gentiles córneas
abrasadas o inundadas sin rescate válido
a las cuencas plácidas que se conoce.

Tuve que ver el habla deformarse,
cubrir la razón de bombín y capa;
tuve que ver las manos dejar de andar a su favor
y volvernos negro, anoche,
y entre tanto nada.

viernes, 26 de julio de 2013

Sin pecado

Anocheceré en un par de días.
Primero traeré un ramo de trigo
y lo hincaré en la seda blanca
que cubre la madera de mi lecho.

Pondré un ventilador frente a mí,
encenderé sus aspas que me peinan
y así quieta yaceré en el viento
y dormiré al seseo de las siembras.

Meteré un cubo dentro con agua y peces
y después de todo mis pies bien sucios
cuando no me hayan ahogado los océanos
y el barro no sea más que mi cama.

Llenaré de cojines mi vientre,
coseré mis rasgos a mis sienes,
graparé mi pelo al cojín sin consulta
y daré tanta pena como promesas.

Mi vestido es blanco como quería.
Había olvidado mis manos:
limpias, sin prejuicio.
Ahora todo va deprisa.

sábado, 20 de julio de 2013

Chinescas

Atrás queda la espuma de las olas
arrastrando también olivos y madroños.
Me entierra el tiempo en esta orilla húmeda.
El sol ya se interrumpe de biblias abiertas
como eclipses de un tren de mercancías
velando circular la caída súbita.
Parpadea mi sombra larga pena,
chinesca de mi cuerpo derribado,
morse cuentacuentos de mi hallar ruinoso
que aplaude puntiagudo mi paciente público.

¿Qué habremos hecho?
Se empiezan a arrugar mis dedos
y las rodillas se me hacen lunas estrelladas.
Me duele la boca de omitirme
y me da lo mismo beber lágrimas que mares.

No será el incendio de todos los bosques,
no puede serlo, habría dejado de mirar hace tiempo.

Huelo el hierro. Dime si se irán.
Sólo quieren verlo. Me salvarán de todos modos.
Hazlo, hazlo a la noche.

jueves, 18 de julio de 2013

Arcilla o arena

Hoy las metáforas son de mercromina.
No hace falta destriparse
para que se viertan inacabados los platos de otros días,
hay náuseas que vuelven sangradas
a su suelo repelidas del hervor furioso
que se calla los colmillos en la carne.

Así me veis ahora, y eso que ayer era la misma.
Duelen como garfios las comisuras,
me dibujan la preocupación con el índice
y me la creo surcos de secanos huéspedes
y el tacto fallas trémulas de donde surgen valles inalcanzables.

Y yo arena, y yo un desierto de hombres afuera,
mi búsqueda, mi letargo alejado del sueño
y un embarazo perpetuo, compañía eterna de
abrazos pendulares antiguos.
Y nada más. Nada más que un adentro
que deje a mi paso rastrillos u orillas.


martes, 2 de julio de 2013

Intuición

El amor existe, es cierto.
Y el olor a tierra mojada
que dice la lluvia hace rato.
Y el moratón que imagina
el pico de una mesa
o los bares que aguardan en los abrigos.
Las ojeras como semiesferas de relojes despiertos,
los silencios repentinos a una presencia
o una bandada de pájaros tras.
Se intuye el viento en las ropas horizontales.
Como se intuye el amor,
sin mover nada.

miércoles, 26 de junio de 2013

Crecen los mares


Por esa costumbre tuya de secarte los pies 
cuando aún no llueve.


Navego lágrimas
con el recuerdo bien abierto.
Aquella vez anoche
y antes y después ayer
me crecía cañizo del ombligo.

Sabía el credo
pero dios no existe;
acuchillo el aire denso de ansiedad
con mi suicidio grávido.

Ayer era ayer.
Debí de morir antes de despertarme,
cuando el chapoteo plácido de aquellos tiempos
y los muebles no salvaban vidas.

Se fue a oscuras,
aún puedo ver sus huellas
como charcos ausentes.

lunes, 10 de junio de 2013

Comas de pan

Esparciré mi hambre
hasta mi techo
y en el mismo falleceré de tiempo
a tu ventura.

Derramaré las pausas a mi encuentro
y un poco aquí y allá otro tanto
rebanaré mi guardia en pedazos breves
y haré nuestra fortuna tu recolecta.

Cuando veas en el suelo cada coma...
Serán mis besos, pues es eso y no otra cosa
que comernos los ayeres hambrientos
entre los instantes muertos de nosotros.

En cada paso tuyo que me nombre,
que te acerque en cada miga que se agote fábrica,
que de insaciables, jóvenes pobres nos excuse,
falleceré despacio
y en el mismo, falleceré de tiempo.

lunes, 3 de junio de 2013

Sobre hielo

Caerse de las ropas,
salirse del zapato húmedo.
La presencia hueca,
deslizar el abrazo...

Alargados los brazos
correr de nada,
arañar el intento con uñas metálicas,
dibujar cráteres en el hielo ético.

Y ya las manos, la precisión del tacto
que se busca más allá del instrumento,
pegarse, quemarse las yemas, ¡basta!,
y en los restos de piel la moraleja.

Sacudirse las rodillas blancas,
mirarse las huellas deshumanizadas
y vestirse,
y tragarse la lágrima en cada caricia.

lunes, 27 de mayo de 2013

Pondus

De lo que se enfrenta a mi nostalgia
como si de un futuro cierto y trágico
o maravilloso tiempo áulico sempiterno
en cuerpos de sibilas anfitrionas lúbricas.

Imagino ahora el recuerdo una intuición
y los errores aptitudes ocres y engañosas
y los ánimos precipitados empujones viles
y dudo el anhelo y la querencia.

Lloro el deseo con tres piedras
y en sus charcos tropiezo libres soñar vientos
abiertas las velas, mis ojos párpados
como una ventana de solicitudes.

De lo que se enfrenta a la esperanza
como si de un pasado cierto y trágico
o maravillosa suerte lúdica y nunca eterna
en cuerpos de caducos anfitriones áridos.


martes, 14 de mayo de 2013

Terapia de desmierde IV


Como decir quebrantar la ofensa, romper la herida.
Ver diluidos los propósitos en excusas vacuas de detallismo apedreando con bolas de papel mojado las torres y todo aquello que se eleve más allá de nosotros, mojándonos de tinta al lanzamiento pues lo que arrojamos son manifiestos desmembrados o verdades como puños americanos. Señalar a la tragedia con la vista al otro lado, marcar a los corderos una cruz y cenar peces bien muertos.
Querer recuperarnos del golpe asestándonos ganchos de miedo o ánimos torpes que en su impulso balbucean y no llegan a ejecutar un solo nombre pues la pasión y la razón discuten por ser protagonista.
Luchar en un río que se ahoga en su propio fondo oscuro y quebradizo, donde nadie sabe quién ni cómo. Y llenarse las ropas de algas y toser en la orilla porque no se puede volver sin ahogarse algo, sin perderse. Descubrir una extensa playa calma, quieta, blanca, descubrirse solo y tal vez loco pues no hay nadie que la habite ni la busque y pensar que tal vez fuimos demasiado lejos.
Y luego concluir que la cuenta es lo importante y todos somos hippies, y arrancar helechos y echárnoslos con la tierra por encima y guardarnos una sonda en la boca porque no morimos, y cerrar los ojos para oír los chistes y los recitales que dicen que sueñas que te entierras y arriba están comiendo helechos. Creer que despertamos y olernos la fragancia sublime de octogenario activo y quitarnos las legañas como quimeras nuestras. Reinventarnos, perdonarnos en nimiedades razonables y querernos, querernos siempre. Y después cortejar a la vida que se pintó los labios de versos buenos, y llenar el mundo de frentes manchadas de rojo pasión y andar zigzagueando enamorados presumiendo de que sólo nos quiere a nosotros.
O vomitar tierra con esdrújulas y probarse los restos, comérselos de nuevo con bicarbonato para conservar el ciclo famélico y llorar cuando nos lo pidan. Rotos, entumecidos, desarropados, verbos copulativos, grises, protestos y atrevernos a denunciar el engaño.
Si no sobrevivo, en cualquier caso, habré/á ganado.


jueves, 9 de mayo de 2013

Oquedad


Acallar mi quejido con tu índice
y en el apéndice guardarte mi gemido;
para que no te viertas, amor, en el silencio
que embellece de hora muerta los concilios.

Que chillen así mis bocas sus laberintos,
pues de azar he desprovisto tus placeres,
con tambores, pañuelos blancos y cirios
que descubran mis gargantas artes rupestres.

Cuando ya te hayan ahogado mis palabras
y bisontes naden ríos paleolíticos,
regenérame de versos la piel velada
con los labios que se guardan en los libros.

Renunciar ahora los gritos embaucados,
contenidos pignorarlos a tu músculo;
para que me sepas lengua
y en mi deuda los devuelvas verbos mudos.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Estrujado atisbo de propia culpa


Estrujado atisbo de propia culpa,
simulada compasión del entrecejo
por costumbre practicada en un espejo.
Estrujado manantial de seca pulpa.

Acerado es su pesar en las aceras
desahuciadas como pluma al pasar trenes;
carihartos cabizaltos de cortos jemes
con que miden astrofálicas bajeras.

Pues farsantes se atragantan con sus lenguas
salivantes de sintagmas desverbados
entre nombres y sujetos ataviados.

Y aun en estas contorsiones literarias
se enaltecen reflexivos camaradas
cuando aquella arruga en frente es simulada.


viernes, 12 de abril de 2013

Cuestiones casi fundamentales


Es la vida una cama llena de pesares,
es una trampa la náusea efervescente
que nos desaconseja medusas o úlceras
y nos amortigua.

Es un diván prometido de verdades
y risas de absurdo que dicen me estás jodiendo
cuando da la hora en las copas aguadas
y nos cierran.

Es la carne que se nos pasa entre hierbas
una morgue dietética de cipreses frescos,
y el preludio es un engaño de antecedentes
y de orden.

Es acaso el sueño un vertido de basuras
descartadas de tragedias de cobardes pragmáticos
y entonces los pies izquierdos absurdos pésames
por no darse antes.

¿Quién sabe?
Yo no lo sé.


lunes, 8 de abril de 2013

Originali mundo


Ah, maravilloso mundo decrépito...
maravillosas glorietas llenas de indecisos,
maravilloso pulmón verde tapiado que es broma
y excusa ociosa de encadenados nostálgicos herbívoros.

Ah, tremebundos y entrañables imserséticos,
dadores de pilares como bastones revenidos arrojados
y su venganza tácita en asientos de autobús y colonias,
aroma tentativo en grado de camuflaje y genocidio.

Y los despachos y las torres, ah, ventanas del suicidio
de marrones más que ocres, utilitarismo plácido
vestido de moquetas y retratos de escritorio inglés,
juego de pluma, mojasellos y post-its de organigramas.

Ah, qué tarde se ha hecho en la inmundicia de tu rostro.
Antes, cuando nadie y los teólogos, asomaste magia buena
y, sin embargo, te has callado ficción hortera de huracanes.
Ah, qué viejo estás y cuán inepto...




jueves, 4 de abril de 2013

Vaciados del hueco nostálgico


Descalza de quehaceres la nostalgia
se deshizo del arcón el frío de las reservas.
Puso su rostro entre sus palmas sin queja
y miró el eco de sus ojos en vanguardia.

Resultó querer la vida como anécdota
desprendidos el pesar y los autómatas,
y cuando ya se hubo restado vacuos nómadas,
volvió la carne al hueso con parábolas.

Reuniose, sin embargo, con prejuicios,
con efectos que también se apuntan siempre,
a pesar de que la vista arruga y sigue a la frente
y la nuca hace cortina del atrás un acertijo.

Cuando cae del busto pétreo su erosión continua,
cuando amaina por fin el soplo perpetuo y leve,
abre sus ojos arenosos la eternidad rupestre
dudando si es que el fuego la apacigua.


martes, 2 de abril de 2013

El color del agua


Como gota que se vierte de su exilio
y se agota en una cama de hoja verde,
ocultándose la lluvia glauca sangre,
así soy yo de ti.

Mojado que difuma los ropajes
y llora prendido intento su caricia,
colgante su presencia, cordón curvo,
así soy yo de ti.

Vapor que es sudor limpio sin preacto
si interrumpe níveo rostro hervido ascenso,
se escurre de la piel huella abatida,
así soy yo de ti.

Así soy yo de ti cuando arribo efluvio,
cuando a tu cuerpo que es mano cóncava,
como el color del agua.


viernes, 22 de marzo de 2013

Des-unir-nos


Titubeo en tu espasmo erguido
que es lactante en tu latido lávico
como el grito que es furtivo en otra parte
y amenaza abalanzarse a nuestro fuerte.

Descorchemos el atisbo de implosiones
remendando en lo profundo tierra yerma,
tierra sola, amago de, un casi caerse
que se colme en su otra boca red abierta.

Cuando la luz se derrote, huyámonos y volvamos,
esparzamos corchos lúdicos en nuestra impúdica búsqueda
aunque hallémonos truncados de palpación mutua.

Y ya en el deslazar que grita nudo,
arrojarnos en cristal que es lago calmo
y en el brindis victorioso hacernos muertos.

martes, 19 de marzo de 2013

Asilo de nombres


Este lugar de senectud doliente,
esta marisma de putrefacción etérea,
este lugar asilo de nombres
que retumba egos casposos de pretumba.

El preludio de la siempre desmemoria
se pasea sostenido en vara de sauce
si no a gatas humillándose inocente
de sus causas y sus prólogos resueltos.

De sus babas contagiadas de baldosa
se discurren impotencias de primera página.
Se escurren en su propia incontinencia
claudicados, obsoletos de apelación lúbrica.

Alienados gritan unos a sus féminas,
cómplices llámanse otros, desesperados,
¡que me nombren, que me escriban, que me hablen,
que me aviven los sentidos y los actos!

¡Que me empolven las arrugas de primeras piedras!
¡Que se ahogue el ratón de usura en mi trueque último!
¡Que yo, que yo, nombre llorado y gemido...!
¡Que se me arranquen los gritos si en mi voz quedan extintos!

Este lugar de ánimas huéspedes,
este ocaso del ruido fúnebre,
este lugar asilo de nombres
que descarta con silencio cualquier tregua.

martes, 12 de marzo de 2013

El luto de la voz eterna


Es esta lágrima viuda de su sangre retirada
derribada del ocaso de metal acuchillado;
es herirse de un apéndice que asoma puntal lenguado
de la mano que se tumba en su falange en negrura.

Es el ansia de atorado que se nace escupitajo
cuando esparce la simiente en ex tunc barriga estéril,
o la cama de huracanes que se enredan cual zarajo
que se cuelga postergando el alimento en quijoteras.

Es un corre que me pillo cuando no hay te que lo ahogue
si se arrugan resignados en sus frentes celulosas,
cuando lloro deslazados desenlaces en borrones
los latidos consonantes del orgasmo arrepentido.

Es un yacer anhelado que entumece la presencia
si es que decide invitarse de un afán comunitario,
que hay quien no se intuye bajo ingrávido sudario
como de no haber nariz, ni pecho bien aparente.

Impregnar santo entierro de letal pestilencia,
que las misas de abanicos mezan la palabra cálida;
Es verterse gota negra en caudal de efervescencia
que cuente vapor desnudo y nos desprenda sudados.


miércoles, 6 de marzo de 2013

Estómego


En esta encrucijada disyuntiva entre dos tercios,
capitulando quehaceres, sinos y síntomas,
apartándome variable de la suma de los necios,
tríptico quebrado en el caudal y sus alícuotas.

Huyo de esa infancia postergada e insegura
cuando aviva el sentimiento de apariencias grandes,
presunción que lame madres y excusa culpables
que no caben por sus puertas, de grandes u obtusas.

Corro de los vacuos mitos y los méritos,
rápida de ilusiones, de álgebras etéreas,
de los estómegos únicos de únicos pútridos
estreñidos continentes de sus diarreas.

Huyo de la mano que alimenta el desperdicio
con desprecios arrojados en formas de cortesía,
cuando ensalzan su despensa a impotentes de codicia
presentándose en ofrendas que no cuentan sus oficios.

Y es que los narcisos, cuando lejos, son marchitos
pues el hombre evita el riego a la flor que ya madura;
y aunque adornen el granito soliloquios en sus nichos
propia es la sed satisfecha que les da sepultura.

jueves, 28 de febrero de 2013

Volver desnudos


Tú,
tú que traes nuestra sinergia programada
recordándote animal en tus inicios
regresadas tus naturalezas madres
a encontrarnos en alientos despresurizados.

Tú que logras abarrotar la tez de colmillos,
que quieres de impotentes agarrotar los nudillos
arrugándose agarrados en las cuatro esquinas tensas
y en impulso rompedor revelan fundas azules,

llevas la nieve en el soplo
y en el soplo piel.
Como cuando se deshace,
cuando muere de los baños postergados al cansancio
y se ahogan las escamas viejas
y novamos vírgenes.

Tú que invitas a la lluvia a los cimientos
y la acogen diluidos cuales polvos sedientos
entre charcos de mitad poliéster y algodones
como al volver la arena honda a pie de castillos,

llevas el aire en el rostro
y en el rostro mano.
Como cuando silba,
como cuando peina los árboles y abre las puertas
y se mece osada caricia en las blusas frágiles.
De ti no queda otra
que volver desnudos.


domingo, 24 de febrero de 2013

Tras la puerta


Ella,
calcárea terminación nívea,
espléndida cuando batalla pusilánime,
candor abrazado en cenefa.
Ella que me anida transparencia
delante de sus ojos de hilo
y desarma en calores vehementes
mis rutinas colgadas al hombro,
me asoma también a la vida
como tentándome al abandono;
dice algo de luz o de mañana
y se ausenta en mi letargo productivo.
Pero vuelvo y son sus manos,
son sus telas de cosquilla frágil
que me cantan a mi gusto y rezo,
las que acunan mi vanguardia sin defensa.
Ella que sería también en otra forma
hogar de mi presencia embalsamado,
y aun así ella de mis cielos y mis tierras,
carente del mutuo amor, guarda mi beso.

jueves, 21 de febrero de 2013

Diré que


Diré que el sótano de nuestra casa
es de nuestra vida un autoentierro.
Diré que atreveremos herir al cuervo
como de no saber si bufa o grazna.

Y es tanto decir esto que escribo
como pedir la palabra y responder silencio.
Diré con otra lengua que haya muerto
“miraos en mi pecado que es abismo”.

Que tornaron las luces de ser un soplo
a interrumpirse en placeres de yeso.
Diré que las uñas de los carpinteros,
diré que rasgaron las tablas sus odios.

Cuando adviertan las astillas en sus cunas
amén de interruptores en los sexos.
-Y es tanto decir que gime el verbo...-
Se arderán en el chasquido serrín y musa.

Precipitados a olvidarnos la querencia,
contagiados de la inercia a abastecernos,
diré que la nostalgia muda en invierno
vistiendo de trasteros larvas enfermas.

martes, 19 de febrero de 2013

Non grata

Así es la ingratitud:
blanca amabilidad en sus inicios,
y tal vez llanto en el rostro feroz y humilde
hasta que cede.

Después las rodillas se desdoblan,
los abrazos se desarman,
vuelven los cuellos a su altura celestial
y se olvida.

Entonces ya no quedan bares,
no quedan dientes de oro que arrancarse,
no quedan tréboles, bolsillos agujereados,
y se pierde.

Y preguntamos qué pasó,
adónde fueron mis manos,
qué son estos muñones que no sirven agua ni la beben,
y se muere.

Y uno después nace insecto, 
parásito que incluso desconoce serlo,
y se llenan en verano las farolas,
y nos muerden, 
y así siempre.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Sutil



En lo que retorna su silbido,
del vuelco galopado a mi ventana
riego las plantas de buen perfume
y me apresuro del tocador bañada en agua.

En lo que desafía el lazo doble
-de franela pues de seda dice arranque-
recojo en muy felina compostura
estratégicas pelusas invisibles.

Y cuando le invito a café
-muy decente, sin tocar los pies-
aminoro el chupetear la cucharilla
por si en dudas se le ocurre insensatez.

¡Por supuesto que me he visto bien!
¿o se cree que soy yo de calores
y me sobra la rebeca en todo el mes?
Ya le digo yo que eso no es.

Como cuando vino enero,
¿o es tan tonto de pensar
que ando por la casa fresca
con la cremallera a medio correr?

Fíjese que mis descuidos
más que inocentes despistes
son vestidos desmayados
que aunque sutil, desnudez.