miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cedo la palabra


A bocanadas, a bocajarro, a trompicones,
a todas una en cada impulso cerebral
o suicida o absurdo infortunio razonable,
cedo la palabra.

Cedo la palabra de mi nudo
y la desnudo de mi tizne antes
cualquiera que sea, de la pringue
que me siembra de mí las cosas.

A quien no posea, a quien la busque,
para que despierte una mañana y la desprecie;
para que pueda quitarse la ropa,
los zapatos, cedo la palabra.

Que no la quiero cedo mi palabra
al blanco y negro, a la hierba que absorbe
mi forma llena de ideas y de historias
que no sirven sino para mí de mí.

A un otro que canta amores y sueños
que no se cumplen, porque no se cumplen
más que de no haberlos sido boca
y sí aire, y sí esternón y altos andares.

Mía ausente, mía de las tripas y las uñas,
por cada impulso desmesurado,
que me sobran y me faltan todas,
cedo mi palabra.

Aun dejándola huérfana de lo que sí,
quizás incluso de lo que sé,
allá, a quien levanta su mano
amputada por los jamás y los siempre.

Cedo mi palabra ahora, ahora que mi voz es joven
y suena arrugada a un par de cigarros sin agua
y sin día que sea suficiente para encontrarla
a esto, a esto que no sé sin darle tildes.

Cedo mi palabra cuando ya los ríos,
cuando ya de agua que no da pausa ni margen
de piedra a que agarrarse cual aliento que sepa,
que huela a origen o a fruta o qué sé yo.

Cedo porque dejó de ser útil, fue la misma
en cuanto surgieron claveles y pájaros nuevos
dormilones que no sangran ni buscan más allá
de otro pecho más grande su consuelo primitivo.

De esa, esa que soy yo allá adentro
detrás de viscosas membranas pestilentes,
muda que tardó en saber de su impotencia,
porque no le basta, cedo mi palabra.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Más allá de mí



Suenan herramientas de bohemia ante la casa grisácea de fachada enferma.
Se han empezado a confundir con un xilófono dulce de nana silente de olvidadizos estigmas.
Se han llenado de humo esas paredes enredadas de años de luego e indiferencia convincente que también ellos han traído, como recogiendo centenares de servilletas pegadas abajo de un cubo de aceite.
Adheridos allá los sarpullidos, las malas reacciones a un cuerpo repelente a las sartenes vueltas sonámbulas de mi ventana que pasan sin saber quién vive ahí o si ha ardido alguna vez o es pintura triste o vino trasladada en un tornado de otros aires u otras guerras.
Suenan, resuenan maracas de clavos y dientes de oro.
Van allá afuera insomnes silbando pianos contentos sin advertir de sus pausas los nocturnos funestos que tarareo a las dentaduras faltas y a los cuadros huérfanos que duermen de mi cantar a mi pesar por los suelos.

(Aprovecho esta entrada para coger el testigo de lo que se llama  "Premio Liebster"  para blogs de menos de 200 seguidores. A mí me recomendó 'Mi lápiz tan manso' junto con 4 blogs más, así que yo haré lo mismo pero sin colgar logos, que no sé, jaja!

Antero : Dolor de cabeza

David Mariné : Dolor de garganta

Jesús Alcalde : Dolor de esternón

Sarco Lange : Dolor de estómago

Le Chatnoir : Dolor de manos

Encerrados en la carne abierta, muertos que olerán a sabios.)


lunes, 17 de diciembre de 2012

Tu beso


Para que me entierres con tu beso en los labios
procuro provocarte a la mañana lenta;
procuro insinuarme aurora sedienta
a golpe de quejarlos como agravios.

De terror, quizás, impregne la costumbre
después de concebirlos recién dados;
o acaso me detenga en los cuidados
y omita la conciencia que me alumbre.

Para que me entierres con tu beso lávico
encienda, tal vez, al aire láudano etéreo
cuando hayanse inmediatos venido céreos
y se nazcan epílogo a tu hervor sádico.

Después de confirmar la iniciativa
pues antes no hay epitafio ni oportuna ruina
que no me fracase en voluntad mezquina
de vivirte, sólo un momento, en tentativa.


viernes, 14 de diciembre de 2012

Ni más ni menos


No es mucho más evidente
que otras ilustres causas de sangre y velas.
Que otras causas que, en cambio,
son desfavorables.

No es mucho más apacible
que un sostén lleno y agudo,
almohada caliente, ajuar de cerezas
que, en cambio, son reemplazables.

Tampoco, no es mucho más arrollador,
que un camión repleto de vacas embarazadas
que casi pero no advierten porque ya el pie en la vía
que, en cambio, se extinguen.

Ni tanto que los libros sagrados o las vacunas
internadas en los caminos ni el cigarro agotado
que se derrota que, en cambio, se ingieren,
no es mucho más sibilino.

Sin embargo, nos bebimos las venas después de todo,
nos fumamos los cirios sostenidos en frutales
y lloramos níveos efluvios vertidos
sobre un parto de ceniza y letras.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

En el habernos


Que hubiéramos tornado el suelo
en nómada noche hialina
parecería inefable suceso
de que ser no me fascina.

Macilentos y espantados
perecieran los adentros
rubicundos antojados
que de bien suenan abyectos.

Atrevería las vedijas
contagiar grave miasma
si deluden las retinas
el quejido de mi alma.

Y a rodo también cretino
ignoto numen inserto
tildado de cruel vestigio
se me ahorque el titiritero.

Que hubiéramos yacer dicho
antes de intuir senescentes
de surcados infinitos
parecerían nuestras pieles.

Confesase cohonestarme
de contener luciferes,
pintaralos de heroicidades
yo,
si no hubiese, amor, si no hubiese.


domingo, 9 de diciembre de 2012

En mi rincón grisecito


Qué son sino desastres
despiezados de su hora
los poemas embusteros
de trágicos sus intentos.

Qué sino bisutería,
qué sino collar de espino
cualquier perla que haya visto
o haya podido lucir.

Que a mí siempre me ha valido
quitar polvo a los rincones;
que, es que yo me hago un ovillo
en un huequito de sombra.

Que me dan miedo las luces,
que están llenas de dedazos,
que si un señor sale de azul
me va a ahuyentar la penumbra.

Pero es que jolín, amor,
¡pensé que eran huevos duros!.
Dime, a ver, qué hago yo ahora
de un nido lleno de joyas.

Porque no más se me ocurre,
pobre desconocimiento,
pues qué sino el calorcito
-de abrigo, de vos, de vaho-

de un remolque abandonado
amarrado a mi fortuna
que robaré a los vecinos
qué sino lleno de flexos.


sábado, 1 de diciembre de 2012

Del casi huyó la oclusión


Extremidad alejada del inicio,
atisbo estornudado de magnesio,
querencia disfrazada de adefesio
refléjate en mi alergia sin prejuicio.

Herida yugular, retrotaída
a piel terciopelada y hueso blando.
Cerrado perpetuo párpado cuando
ase un nuevo canto, fiebre la vida.

Enmudece en tu espanto de costumbre,
voz de los abismos espontáneos.
Ceño fruncido de viejos cráneos
muta por mi lágrima en herrumbre.

Mírame la idea repentina,
mírame la noche desvelado,
crujir del esternón emborrachado,
mírame la inercia de tu ruina.

Intuición acobardada del acierto,
desmesura concebida sin pecado,
delegad en mi impulso secuestrado
corazón de mi mandíbula un aserto.