domingo, 26 de agosto de 2012

En clave de ascii


Seres no humanos,
mecanismos andróginos,
autómatas desterrados
de otro polvo que no es este.
Clavos unidos,
amantes férreos,
consolidación de la  tecno sin cracia
y sin gracia ataviados
de sogas lúcidas y huesos externos.
Habitantes viandantes de la ecuación
resuelta en el nervio frío de color verde.
Conocedores de la gravedad, y no,
de dos masas suicidas celeradas
más por ceros que por unos.
Latidos de placa base,
ironía de inoxidables.
Resistencias de otra cosa
que no es orina ni llanto.
Cromosomas cromados,
resonancia inquieta
en las camillas del auxilio
y de los órganos capados.

Capados…

Que me corten las manos
si algún día descubro
que dejé de usarlas…



lunes, 20 de agosto de 2012

"La risa se vuelve llanto..."


En estos días de calor irritante y dolor de muelas, también irritante, he percibido una especial excitación ajena en torno a cualquier sentimiento primario. Desde la pasión hasta la ira pasando por el hastío y mirando hacia los dos lados en la envidia y la amistad veraniega.
Resulta destacable un punto concreto: la ira.
Hace unos días, no siendo yo testigo directo, un joven de 18 años decidió –más bien con el ‘will’ que con el ‘going to’- presentarse con una escopeta en el lugar donde se estaban celebrando las fiestas de la patrona.  Su padre, viendo que su hijo se había llevado el coche y le faltaba un arma, llamó a un vecino y fueron a buscarlo rápidamente. Finalmente le quitaron la escopeta y no sucedió la tragedia.
El porqué está claro: este chico, no demasiado sociable, es víctima de burlas, bromas pesadas, insultos… e imagino que en algún momento del miedo causado por una pandilla de menores macarras que ni hacen ni dejan hacer. De esos que se pasean por las calles sin camiseta descubriendo un torso de tamaño muñeca y un palmo de calzoncillo Calbin Kleino.  De esos que se ríen de sus propias carencias académicas y cuyos padres prefieren pegar al profesor e invitar a su hijo a ‘gordas’ para que sea un hombre. Fue a buscarlos.
De esto me enteré después de unas minivacaciones en el sur donde tuve algo de tiempo para minireflexionar sobre algunos miniproblemas enlazados con recuerdos de la misma temática.
Mi infancia, ya no juventud, fue bastante agridulce en lo que a amistades escolares se refiere. Simplemente lloré hasta que mis ojos fueron piedras. 'La que canta con lobos' escribió un relato al respecto que me trajo de nuevo esas ideas al frente. De ahí que finalmente escriba sobre ello.
Entiendo a este chico, no comparto su método. Pero un pensamiento me entristece y asusta cuando comparo ambas situaciones: el pueblo.
Yo vengo aquí cuatro días mal contados y aunque tenga problemas con alguien, que los tengo, suelo dejarlo pasar en pro de la armonía general del grupo y de mis jaquecas. Total, al quinto me largo. Lo tengo fácil. Pero este chico, que vive aquí, hace su vida aquí y no tiene ningún sitio ni abrazo donde vomitar, donde desintoxicarse más allá del abrigo familiar... Es una cárcel, y tan pequeña que ni siquiera puedes elegir las sogas que te estrangulan ni los compañeros con quien inventar las mejores anécdotas. Y así tantos…
Espero que, como la mayoría, sepa utilizar todas esas angustias, llantos, toxicidades e insomnios para ampliar su mirada, serenarse y elevarse más allá de incendios y mareas. Hasta que sus frutos caigan hermosos y germinen semillas buenas y puras.
Vete, pero no para huir y olvidar. Respira otro aire y crece.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Juegos artificales


Hervidero de sangre,
chof andante.
Capítulo abierto de los cielos
y de los hielos ríos
y de la boca sellos
y de las uñas diente
corrupto
del ansia ferviente
saciado de labios,
cansadas de espaldas.
Ardor de la última entraña
en el paladar del vino y las injurias meditadas.
Al fondo de los cojines y las monedas 
grávidas.
Y después colores fríos,
violetas.
Tras una explosión intestinal
de indigestiones pétreas
y pasiones comerciales.
Allá,
donde nadie mira abriendo la boca.

jueves, 2 de agosto de 2012

Carcoma

En casa hay carcoma.
Bueno, carcoma y algo llamado "Capricornio", los mejores.
En el piso, donde yo vivo, difícilmente se daría el caso. La única madera decente que hay es la que piso. Fin.
Ésta, la del pueblo, es una casa antigua, de 1800, restaurada.
Techos de madera abohardillados, corredores de vigas robustas y pasillos cálidos de zócalos nobles eclipsados con muebles isabelinos.
Los muros de medio metro nos aíslan de las nubes y los soles. 
De toda batalla que se lidie en cada luna.
Luna, la nuestra, contemplada en la serenidad de un jardín de frutales.
Como decía, en casa hay carcoma.
Hemos montado campamento base en un rincón alejado, más allá del jardín y la bañera.
Lo hemos llamado Londres.
Ahora están fumigando.