sábado, 28 de julio de 2012

Hormocaos

En el bello desastre de la finitud etérea
se contagian los axiomas de eufemismos temporales.
Se contagian las pizarras de polvos universales
estos, nosotros, vómito de venérea.

Y los cauces del orgasmo caótico escondido
del acierto que equilibre las potencias repentino
por el temor del filo, sofo del verbo divino,
baten olas risueñas en el pezón del olvido.

En el bello desastre de la finitud etérea.
En el sello de sastre de la exactitud corpórea.
En el vello de este sastre que olvidó sus pantalones.

Se contagian los techos de carcoma sin mesura.
Se mezclan, serrines, con los ombligos ajenos.
Se lloran, se gritan, las tizas en la basura.

miércoles, 18 de julio de 2012

Con dos vueltas

En el verde de tus sostenes,
en el rojo, en el magenta,
en el olor de tu estancia,
en el tacto de tu paso.

En los días amarillentos
de las reflexiones empalmadas,
en los inviernos,
en los lienzos.

En mi rastro en tu rostro,
en la luz tenue,
en la brisa de mi ventana
a tu cocina,
en los volúmenes.

En los pies en el techo,
las camas de suelo...

En tu manera de pedirme
o sugerirme
qué quiero.

De la soledad,
del reino,
de mis pasiones,
del arte,
de los besos.

De lo que soy en ti,
querido,
pequeño
y acogedor piso
de sesenta metros cuadrados.

jueves, 12 de julio de 2012

La realidad supera a la ficción y le hace un calvo desde la línea de meta


Hoy abro un largo y denso paréntesis para contar algo. No hay rima, ni métrica ni estilo, es sólo una historia.

Título: "Aventuras en un lugar llamado Whatsapp".
Actor principal: "Kesito"
Sinopsis: Un supuesto ser humano tira una moneda al aire y decide que es buena idea preguntarme sobre el alquiler por el mencionado medio.
Guión: "Hablo yo con tus padres" "Es que no me llevo bien con los otros chicos" "Eso me suena a olvídate" "Pero si soy normal"
Créditos: Patrocinado por Whatsapp y mi paciencia/humor.
A las 11:00 me llega un aviso de Whatsapp. Parece ser que cuando te aparece el “bocadillo azul” sin desbloquear el móvil aparece el nombre del usuario. ‘Kesito’ en este caso.
Ponía lo siguiente:
Kesito: Toc Toc Toc
Mi intuición me lleva a creer que es algún amigo, muy ocioso al parecer, que tiene ganas de risa fácil para empezar bien el día.
Abro el mensaje. Ahora sólo me aparece el número. Aumenta mi curiosidad y mi famosa cara de “estoy analizándote como sujeto con cerebro y lo mismo me estoy precipitando”.
Iphone de Lola (sí, lo sé, pero no es Kesito, ¡joder!): ¿?
Kesito: Te pillo ocupada?
Yo (que os reís de mí): Pues, hombre, sí (para el whatsapp siempre es sí), pero vamos, que si es algo breve…  (Sigo con mi cara de expectación)
Kesito: Te escribo en relaccion a la habitacion, soy Fulanito (entiéndase nombre digno y respetable y que si transcribo literalmente, Word estalla).
Yo: Entiendo por Fulanito que eres un hombre. Verás, como ya sabes (porque sabes leer), sólo acepto chicas en el piso. No me dejan coger chicos.
Kesito: Quien! (Puajajajaja…Aquí,  como me estoy descojonando, dejo que siga desarrollando)
Kesito: Jo, es que me encanta! Es que no me llevo bien con los otros chicos. (Lástima que no añadiese puntos suspensivos, habría sido maravilloso)
De quién depende?
Kesito: Que soy normal eh?
Yo: (Ojo, que empieza el festival del humor) De los dueños, mis padres. Si hay cambios te lo haré saber.
Kesito: Podría hablar con ellos. (Les mandará un whatsapp, quiere decir)
Yo: No son muy flexibles
Kesito: Tampoco te dejan al novio?
Yo: Bueno, Fulanito, un placer (a modo de ‘¿de qué narices me estás hablando?’)
Kesito: Como dije si quieres hablo con tus padres
Yo: Jaja! No hace falta, ya les cuento yo (si eso). Igualmente, que tengas suerte.
Sr. Cansino: Huyyyy. Esa frase me sonó a olvídate. (Hoy es martes, Fulanito)
Y aquí recapitulo para que lo entienda, añado un ‘lo siento’ y 'Bye'.
Después de tres intentos consigo que deje de escribirme. Aparte de que maldije Whatsapp un largo rato e hice una intensa labor de entendimiento para con este ser humano, no logré hacer el clic de aprobación.  ¿Se puede saber qué es lo que pasa? ¿Por qué me escribe como si fuésemos amigos? ¿Por qué no me llama o escribe un correo? ¿Cambiarse el nombre de usuario tal vez? Kesito, es que hay que joderse…
Y cuando ya creía que el reparto estaba cerrado:
Dos semanas después, hoy, me pasa algo parecido. La cosa promete. Primero me llama por Skype, lo cojo y no obtengo respuesta. Al momento me llega un aviso de Whatsapp. Una tal Fulanita me escribe diciéndome que tiene mi número en su móvil y no sabe quién soy. Me dice que le de pistas (eeeh, a ver…). Le digo que es posible que tenga mi número por un anuncio de alquiler de habitación.
Resulta que es amiga de Fulanito (manos a la cabeza modo ON), me pregunta si le he alquilado el piso y SI SÉ ALGO DE ÉL. Que está intentando encontrarlo pero no sabe dónde está. Que si sé algo que se lo diga (ojo que todavía me toca llamar al 112 preguntando por Kesito).
A ver, Fulanita, me preguntó por el alquiler y ya. No le he alquilado la habitación. Que tengas suerte. Bye.
Diez minutos más tarde me vuelve a escribir.
-Me surge una duda pero…cómo supiste mi nombre? (Sherlock, esto es por tu culpa)
Se lo explico a regañadientes para que no se me ponga paranoica y piense que tengo a Kesito escondido en el armario empotrado (empotrado, bella palabra).
Después he salido al estanco. Pensaba si comprar tabaco de liar e ir probando. Dos individuos iban delante de mí obstaculizando el paso, paseaban un perro e iban abrazados. Vestían muy “kinkiyonquis”. Los colores, los brazos huesudos me mandaban esa señal.
De repente se paran, a un señor mayor se le había caído lo que parecía una tarjeta de descuento. El “kinkiyonki” avisa al anciano y éste le mira con ojos de indefensión y agradecimiento.
Testigo de este hecho, decido lavarme mentalmente la boca, por no decir prejuicios, con jabón mientras seguimos andando. A veces confío demasiado en ese sexto sentido de buena estadística.
Él la mira sonriente. La abraza y le dice:
-Anda, que si llega a ser un billete de 10 euros, ¡sí se lo iba a decir! ¡ja ja ja! Hago ¡plas! –da un pisotón con el pie- y de ahí no se escapa, ¿eh , cari?
Y tan felices.
Al volver a casa he bajado las persianas, silenciado el móvil y me he puesto a liar cigarrillos.
¿Conclusión? Ni me atrevo.

martes, 10 de julio de 2012

Lloran viudas las metáforas


Bailó con su amada sobre las baldosas negras y blancas.
Deslizó su paso leve dibujando con la punta del zapato
sutilmente su arrebato en aquel tango.
Buscó el lenguaje de las flores
y guardó silencio para siempre.
Rompió las tenues vigilias
y dejó tuertas las noches de naufragios.
Cambió las espadas de sitio
y un telón de terciopelo le curó la lírica.
Quedó ciego.
Codificó el recuerdo
y se estranguló entre pentagramas.
Lloran viudas las metáforas.

jueves, 5 de julio de 2012

Barbies y mecanos o cómo sacar el violeta cuando no te queda azul


El domingo pasado hice algunas compras para casa, las únicas. El movimiento rebajas tarda- si no muere en el intento- en apoderarse de mí. Digo hice porque de poco sirve que explique cómo funciona mi pseudoindependencia. Compramos, salvo unas copas, lo necesario.
Esta semana he dedicado algunos ratos a ir colocando y montando algunas cosas aprovechando la tranquilidad que me brinda la soledad. Esta tarde en concreto pretendía poner la lámpara de techo. Dudaba si quitar la vieja (veo menos que ‘la niña La Puebla’) y esperar a pintar para poner la nueva  arreglándomelas con la de pie mientras tanto.
No he hecho más que mirar el tornillo central. Me estaba desafiando y eso no es nada bueno.
Nunca, jamás, he desmontado una lámpara así, sacando cables y demás. No tengo ni remota idea. Aun así, cabezona, me disponía a desvelar el misterio descubriendo lo que había ahí debajo. Suena mi teléfono casualmente: mi padre, que sube de paso y que me esté quietecita.
-Padre, por dios, que pensaba bajar los plomos antes- le contesto.
Total, que me quedo con las ganas de poner la lámpara.
Cada vez que pasaba por debajo de ella me sentía fracasada de alguna manera. Como si me estuviese mirando por encima del hombro. Sí, tú. Y es que yo por esto de ‘las tareas para el hombre de la casa’ tengo especial atracción. Por eso, por cabezonería.
Cuando compartía piso siempre era yo, si no el indeseable  –ista o –ero, que rima con usurero, quien arreglaba cualquier desperfecto o avería. Me preguntaba a menudo qué pensaría mi compañera de aquello, de mí, cuando me veía metiendo la mano por sitios cuyo fondo preferiría obviar.
Es curioso, que rima con odioso, que te tachen de homosexual por hacer algo que en principio no está condicionado al sexo como podría ser pintarse los labios o ponerse unos pantalones de pinzas y tocarse el miembro imaginario.
Cuando era pequeña, en la escuela, los chicos se iban a arreglar persianas a modo de clase de Tecnología sin presupuesto y nosotras dábamos clase de Literatura o, en su defecto, íbamos a hacerle los recados a la profe. Véase apagar el fuego, la lavadora o “cómprame un par de barras anca…”.  Así pasa.
Hemos sido diseñadas  con obsolescencia programada. Necesitamos una versión actualizada de carne, hueso y pene para seguir funcionando. El síndrome del copiloto.
¿Por qué narices nuestros padres no nos enseñaron a poner enchufes y lámparas?
Porque dan por supuesto que necesito, y después quiero, un hombre.
No me considero feminista, menos ‘feminazi’ como se le dice ahora, soy realista y me adapto al contexto currándomelo, como todos. Hago oposición en mi radio de acción, en los pequeños detalles que me afectan.
¿Y qué pensará de mí un chico que se haya criado con estos valores? ¿Liberal? ¿Moderna? (como odio este último).  ¿Entenderá el hecho de que no le necesite objetivamente? ¿Que no pida que me abrace porque estoy malita?
Alguna que otra vez me han sentenciado que no seré feliz, que tampoco me ven casándome o sucedáneos porque no lo soportaré, no será suficiente, nadie aceptará mis condiciones ni yo aceptaré las reglas del actual juego.
Pensaba que hablaban de gustos, prioridades, estilos de vida…del amor en general. No es así. Ahora, mientras escribo, lo entiendo.
No soy amiga de los roles preestablecidos. Ni  busco socorrista ni busco fontanero.

martes, 3 de julio de 2012

Guerra de pronombres

A un yo de mí que sin mi late y duerme,
un batallón de tanques y avionetas,
derrotar con el pase de cornetas,
podrían si gustasen protegerme.

Qué busca ese rey sino ofenderme,
burlar el cañón de las torretas.
Libres de galgos, de berettas.
Trincheras quisiera majano inerme.

Y en la reflexiva lucha entre tuertos
me corto su brazo buscando aciertos
detrás del cargador de los villanos.

Transcurrido el eclipse de las manos,
vientre de pólvora, restos suicidas,
perdigones fecundados de druidas.

domingo, 1 de julio de 2012

De un yo olvidado


Te quiero porque te quiero.
Porque añadiste a mi vida
Doce horas más de sueño.
Y ahora la gente me envidia
Porque duermo más que ellos.

Abrí aquel cuaderno lleno de polvo (sí, también). Encontré un poema donde lo único salvable era esa estrofa. No recuerdo exactamente el día en que escribí aquello, por esos tiempos aún no había tenido la brillante idea de ponerles fecha, parece ser. Es curiosa la sensación de encontrar un poema antiguo e intentar averiguar quién o qué era la inspiración en ese momento.
Calculo que lo escribiría con catorce o quince años… hace una década…
Cuando lo he leído me ha salido, inevitable, una sonrisa burlona, altiva. A veces me detengo a hacer reflexión sobre mis reacciones, sobre todo las espontáneas y sinceras.
A día de hoy escribo pocos poemas de amor, del buen amor, ni con rima ni sin rima. Suelo dejarme llevar por las frases sueltas y los puntos suspensivos, como si las palabras fuesen saliendo a borbotones. Pero eso es otra cosa. Así que imagino que ese poema no iba dirigido a ningún amante correspondido, para variar. No era la chica nueva y popular precisamente.
Me he reído de mí. De mi yo cuyo concepto del amor es “sueño”, sin más. Es muy bonito, sí, oh, la infancia, preciado tesoro. Pensaba por aquel entonces que era una persona madura, más que el resto, porque mis circunstancias lo requerían más que para los demás.
Supongo que esa sonrisa ha sido de sabiduría, la mirada de tu madre cuando le dices que este año te has portado bien y que aunque en casa estéis jodidos, ellos te traerán lo que les pidas. En realidad ese mensaje lo capté pronto. En este era otra pringada más que creía que alguien se molestaría en buscar ahí dentro obviando el envoltorio.
Sigo hojeando y encuentro otra estrofa perdida.

Y pensar que estabas muerto
Y mi vida a ti te di
Ingenua, he subido al cielo
Por si te encuentras allí.
Miro hacia abajo y te veo
Y hasta en el cielo sufrí.

Lo mismo una ligera idea sí que me hacía... Quizás sólo tenía ilusiones más fuertes.
Me mira serena. Nos observamos en silencio. Agacho la mirada. No conseguiré dañarla.

 Mi corazón era puro y mis pulmones blancos. Era una esponja que lloraba y se volvía a llenar una y otra vez. Acaso sea una piedra pommed.
Fui ingenua muchas veces esperando que todo cambiase, esperando que ese puente se disipase día tras día. Dios, cada vez que paseo por allí... Putas pelis cutremánticas, puta M-30. Putos besos en la frente...
Llenaría esos poemas de sarcasmo y agujerearía cada eco de entusiasmo con paréntesis negros. 
Quizás eso me ayudó, o quizás me ha convertido en un monstruo que espera que le regalen narcisos.


 Soy una lágrima absurda y mil chistes inoportunos...
 Soy un coleccionista de cosas dignas de coger polvo...