miércoles, 17 de octubre de 2012

Desafortunado encuentro



Silbido, mirada, accidente. Exhalación de cuchillos, tragedia.
Desvanezco el desfallezco… pierdo en los carteles mis ojos ahora a ciegas, marcho.
Vuelo en el arpegio al cielo del sí rasgado y en esa herida hallo mi lecho hasta el miedo del aliento amanecido. Legado sin resto ni rastro.
Levanto los pies de los Nos, que fuman recostados en un chaiselonge disparates y hierbas guardadas desde ni se sabe cuándo a modo intuitivo-preventivo dejando caer la ceniza, ingratos, en el suelo negruzco de ébano. Cargado, denso.
Interrumpen asertos la velada calumniosa. Quiebran la aldaba en el insisto de manera tal que los pájaros idílicos huyen ante inminente catarsis. Bochornosa recepción solventada con escoba y vino. Después, sirvo el lunes entero con esputos y, coleccionando durezas, anfitriono con mi ausencia elevándome en mis pies.
Miro a un espejo para ver cómo silbo.

6 comentarios:

  1. Tu prosa me ha resultado muy elegante, mil veces más que tu poesía, aunque no pretendo que eso haga desmerecer ninguna de las dos.

    Voy a buscar un espejo.

    Un abrazo.

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  2. Debe ser el trance al lunes o no sé qué...o que mi aversión a los lunes me haga ver las cosas que no son...Un abrazo.

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  3. Yo creo que silbas bien, como que cuando lo haces anfitrionas toda la arena que mueve al mundo.

    Bs.

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  4. Si los pájaros idílicos huyen ante inminente catarsis, me temo que el silbido ha de ser más potente, que llegue a lo profundo y vomite todo en su atemperado agudo.

    Yo no me miro al espejo, mi Capitán, siempre me devuelve cruelmente a mi misma.

    Besos

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  5. Silbar ante un espejo para llamarse. Se me ocurre que esa ha de ser una especie de conjuro. Cuando me necesito, me silbo....(creo que se me ha ido el santo al cielo). Sugerente texto. Besos

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  6. ánimo los días de ceniza siempre son tristes... besos

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