domingo, 1 de julio de 2012

De un yo olvidado


Te quiero porque te quiero.
Porque añadiste a mi vida
Doce horas más de sueño.
Y ahora la gente me envidia
Porque duermo más que ellos.

Abrí aquel cuaderno lleno de polvo (sí, también). Encontré un poema donde lo único salvable era esa estrofa. No recuerdo exactamente el día en que escribí aquello, por esos tiempos aún no había tenido la brillante idea de ponerles fecha, parece ser. Es curiosa la sensación de encontrar un poema antiguo e intentar averiguar quién o qué era la inspiración en ese momento.
Calculo que lo escribiría con catorce o quince años… hace una década…
Cuando lo he leído me ha salido, inevitable, una sonrisa burlona, altiva. A veces me detengo a hacer reflexión sobre mis reacciones, sobre todo las espontáneas y sinceras.
A día de hoy escribo pocos poemas de amor, del buen amor, ni con rima ni sin rima. Suelo dejarme llevar por las frases sueltas y los puntos suspensivos, como si las palabras fuesen saliendo a borbotones. Pero eso es otra cosa. Así que imagino que ese poema no iba dirigido a ningún amante correspondido, para variar. No era la chica nueva y popular precisamente.
Me he reído de mí. De mi yo cuyo concepto del amor es “sueño”, sin más. Es muy bonito, sí, oh, la infancia, preciado tesoro. Pensaba por aquel entonces que era una persona madura, más que el resto, porque mis circunstancias lo requerían más que para los demás.
Supongo que esa sonrisa ha sido de sabiduría, la mirada de tu madre cuando le dices que este año te has portado bien y que aunque en casa estéis jodidos, ellos te traerán lo que les pidas. En realidad ese mensaje lo capté pronto. En este era otra pringada más que creía que alguien se molestaría en buscar ahí dentro obviando el envoltorio.
Sigo hojeando y encuentro otra estrofa perdida.

Y pensar que estabas muerto
Y mi vida a ti te di
Ingenua, he subido al cielo
Por si te encuentras allí.
Miro hacia abajo y te veo
Y hasta en el cielo sufrí.

Lo mismo una ligera idea sí que me hacía... Quizás sólo tenía ilusiones más fuertes.
Me mira serena. Nos observamos en silencio. Agacho la mirada. No conseguiré dañarla.

 Mi corazón era puro y mis pulmones blancos. Era una esponja que lloraba y se volvía a llenar una y otra vez. Acaso sea una piedra pommed.
Fui ingenua muchas veces esperando que todo cambiase, esperando que ese puente se disipase día tras día. Dios, cada vez que paseo por allí... Putas pelis cutremánticas, puta M-30. Putos besos en la frente...
Llenaría esos poemas de sarcasmo y agujerearía cada eco de entusiasmo con paréntesis negros. 
Quizás eso me ayudó, o quizás me ha convertido en un monstruo que espera que le regalen narcisos.


 Soy una lágrima absurda y mil chistes inoportunos...
 Soy un coleccionista de cosas dignas de coger polvo...

12 comentarios:

  1. La bendita ingenuidad suele vivir muy poco.
    La matan a bofetadas.

    Saludos.

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    1. Será porque los bofetones no dejan marcas delatoras.
      Hablando de matar, así me has dejado con tu entrada de hoy, ni a comentarla me he atrevido. ;)
      Saludos!

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  2. ¡Narcisos!

    La ingenuidad perdura; solo se debe diferenciarla de su homónima ignorante.

    Rara composición, parece sincera.

    Un abrazo.

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    1. Guiño, guiño.
      Además que venía al caso.
      Sí, rara y tal vez demasiado espontánea como para publicarla, jajaj. Ha sido el contenido, que no podía soportar el continente.
      Sincera, muy, siempre, a pesar.
      Un abrazo!

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  3. Es genial encontrar cosas del pasado y que se fusionen con el presente y el futuro. A mi me gusta a veces leer cosas del pasado escritas por mi, me río bastante, pero es muy tierno a la vez. Besos guapa!

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    1. Joder, ya ves, jeje. Sobre todo cuando dices "vaya truño", "ooh! qué mooona", "no, hombre, no, ¿por qué eras así?" jajaja. Y ya si te pones a leer cartas que no te atreviste a mandar, joder, eso ya es otro nivel!
      Un beso, maja!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Hallar cuadernos antiguos me aterra, leo cosas que escribí en mis primeras lápidas y me enferma el seguir viviendo.
    Pero tus versos son como granos de uva.

    Un beso.



    (Sorry por eliminar el otro, vino viento)

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    1. Bueno, los hay divertidos y los hay horribles, sí.
      El subconsciente traiciona las letras eternas revelando el mensaje a unos ojos que siempre son nuevos. La juventud a veces es muy prostituta 'infiel', por suerte o por desgracia.
      Un beso!
      (Ah, no pasa nada, Hotmail me lo chiva, jajaja)

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  6. la sal también conserva los poemas.
    besos.

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  7. El poema es demasiado fresco, como son esos años que nos provocan sonrisas...Un abrazo.

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  8. Puuuf me ha encanto! Sobretodo las comparaciones ... De verdad, muy bueno :)

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