jueves, 5 de julio de 2012

Barbies y mecanos o cómo sacar el violeta cuando no te queda azul


El domingo pasado hice algunas compras para casa, las únicas. El movimiento rebajas tarda- si no muere en el intento- en apoderarse de mí. Digo hice porque de poco sirve que explique cómo funciona mi pseudoindependencia. Compramos, salvo unas copas, lo necesario.
Esta semana he dedicado algunos ratos a ir colocando y montando algunas cosas aprovechando la tranquilidad que me brinda la soledad. Esta tarde en concreto pretendía poner la lámpara de techo. Dudaba si quitar la vieja (veo menos que ‘la niña La Puebla’) y esperar a pintar para poner la nueva  arreglándomelas con la de pie mientras tanto.
No he hecho más que mirar el tornillo central. Me estaba desafiando y eso no es nada bueno.
Nunca, jamás, he desmontado una lámpara así, sacando cables y demás. No tengo ni remota idea. Aun así, cabezona, me disponía a desvelar el misterio descubriendo lo que había ahí debajo. Suena mi teléfono casualmente: mi padre, que sube de paso y que me esté quietecita.
-Padre, por dios, que pensaba bajar los plomos antes- le contesto.
Total, que me quedo con las ganas de poner la lámpara.
Cada vez que pasaba por debajo de ella me sentía fracasada de alguna manera. Como si me estuviese mirando por encima del hombro. Sí, tú. Y es que yo por esto de ‘las tareas para el hombre de la casa’ tengo especial atracción. Por eso, por cabezonería.
Cuando compartía piso siempre era yo, si no el indeseable  –ista o –ero, que rima con usurero, quien arreglaba cualquier desperfecto o avería. Me preguntaba a menudo qué pensaría mi compañera de aquello, de mí, cuando me veía metiendo la mano por sitios cuyo fondo preferiría obviar.
Es curioso, que rima con odioso, que te tachen de homosexual por hacer algo que en principio no está condicionado al sexo como podría ser pintarse los labios o ponerse unos pantalones de pinzas y tocarse el miembro imaginario.
Cuando era pequeña, en la escuela, los chicos se iban a arreglar persianas a modo de clase de Tecnología sin presupuesto y nosotras dábamos clase de Literatura o, en su defecto, íbamos a hacerle los recados a la profe. Véase apagar el fuego, la lavadora o “cómprame un par de barras anca…”.  Así pasa.
Hemos sido diseñadas  con obsolescencia programada. Necesitamos una versión actualizada de carne, hueso y pene para seguir funcionando. El síndrome del copiloto.
¿Por qué narices nuestros padres no nos enseñaron a poner enchufes y lámparas?
Porque dan por supuesto que necesito, y después quiero, un hombre.
No me considero feminista, menos ‘feminazi’ como se le dice ahora, soy realista y me adapto al contexto currándomelo, como todos. Hago oposición en mi radio de acción, en los pequeños detalles que me afectan.
¿Y qué pensará de mí un chico que se haya criado con estos valores? ¿Liberal? ¿Moderna? (como odio este último).  ¿Entenderá el hecho de que no le necesite objetivamente? ¿Que no pida que me abrace porque estoy malita?
Alguna que otra vez me han sentenciado que no seré feliz, que tampoco me ven casándome o sucedáneos porque no lo soportaré, no será suficiente, nadie aceptará mis condiciones ni yo aceptaré las reglas del actual juego.
Pensaba que hablaban de gustos, prioridades, estilos de vida…del amor en general. No es así. Ahora, mientras escribo, lo entiendo.
No soy amiga de los roles preestablecidos. Ni  busco socorrista ni busco fontanero.

7 comentarios:

  1. Yo no te cambio una lámpara, pero por inútil, no por homosexual. Un prejuicio bastante retrógrado, no? Sin embargo, me llaman "homosexual" antes que inútil, que lo soy de seguro. Y a veces también me quedo mirando los tornillos, que no se desenroscarán solos, nunca.
    Un abrazo.

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  2. El final es apoteósico.
    Lo único que criticas es la falocracia social y cultural de nuestro tiempo, nada más. Yo, que me congratulo del miembro y de la literatura, no sé cambiar un enchufe; mi pareja, sin embargo, imagen viva de la feminidad, lo hace maravillosa, sensual, perfectamente. Yo, que inútil no me siento, me mantengo al margen de mis cualidades (entre ellas la cocina, tabú roto). Quien ve niebla en todo esto, es porque tiene el ojo pútrido. Lo demás es siempre poesía.

    Un saludo.

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  3. "Hemos sido diseñadas con obsolescencia programada." jajajajja Brutal!!! Me encanta que no seas amiga de los roles establecidos. ¿Moderna o liberal? Mejor que se dejen de clichés en pleno siglo XXI ;) Un abrazo guapa!

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  4. Personas como tú son capaces de desprogramar y desmantelar todos esos despropósitos trasnochados.

    Abrazos!

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  5. Fuera yo mujer creo iluminaría mi casa con velas.
    Apenas sé respirar.
    Y cuando lo hago, me ahogo.

    Un beso.

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  6. Nos educaron como inútiles.
    Y por fin han llegado los resultados.

    Saludos.

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  7. Cuando uno abandona del nido familiar para vivir en el propio, el saber organizarlo y mantenerlo es una simple cuestión de supervivencia, por lo que hay que apañarse tanto para planchar un huevo, freír una manga, desatascar el inodoro, clavar una alcayata y lo que haga falta... Ademas, pasada cierta edad, ya no podemos culpar al mundo por los condicionamientos y los roles, pues ya somos mayorcitos para cambiarlos según nuestro criterio. Un saludo autosuficiente. Me voy a poner la lavadora.

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