viernes, 15 de junio de 2012

Recitales excitados


Voz, que vienes a mi mente, arrebatadora,
sinfonía de fortes y pianos estremecedores y
mecedores...

Manos, que te expresan y dibujan en el aire,
de fuerza y vigor te insinúan y erotismo y
pasión te revelan...

Espalda, que confirma mis oscuras sospechas 
y tan firme y recto te presentan. Tanto, 
que cabalgaría en ella...

Y eso, eso que sale por tu boca, lírica apasionada 
que desgarra mis entrañas y armoniza mis sentidos...
Locura que me arranca el pelo y me desabrocha la ropa...
Que me hace traspasarte cuando te miro embobada...


El corazón en los acentos... El corazón en los acentos...

5 comentarios:

  1. He pegado un brinco al final. Mi mente sólo repite: El corazón en los acentos, el corazón en los acentos...

    Un beso!

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  2. Brillante. Sí, como un delicado mantra: el corazón en los acentos, el corazón en los acentos.

    Reconozco que este poema, como en la forma de un sueño, no le falta nada, no le sobra nada: ni los puntos suspensivos.

    Un abrazo.

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  3. El último verso me ha hecho pensar en los antiguos héroes de la poesía homérica. No me preguntes por qué. (Tal vez he asociado la idea del corazón en los acentos con el espíritu suave/áspero del griego clásico y de ahí he saltado a mi adorado Homero, vete a saber los saltos en el vacío que puede dar una mente caótica y apasionada en una horrenda noche de viernes.)

    Que me ha entusiasmado, querida, y que eres adictiva, ya te digo. Y que besos y esas cosas.

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  4. y la pausa de una mirada en los puntos suspensivos.
    un fuerte abrazo.

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