jueves, 7 de junio de 2012

Peluquerías Zimbardo


Hoy, día de reflexión.
Viniendo de la facultad, después de mover Cielo y Tierra para conseguir varias cartas de recomendación, me he hecho una declaración a mí misma: “Cortarse el pelo drásticamente antes de visitar a antiguos profes y esperar que te reconozcan, no es de estar muy acertada, maja”.
Después he llegado a casa y la inercia me ha llevado a leer los blogs de obligado cumplimiento. En estos últimos días he notado una tendencia a la reflexión sobre la evolución del individuo. La idea de que el tiempo nos cambia tanto en la personalidad como en la perspectiva.
He recordado una de esas conversaciones/debates llenos de ‘sentencias’ que tanto odio. El núcleo era que “todas las personas que están en la cárcel cumpliendo condena, y siendo culpables, son seres antisociales”. Estos debates adquieren mayor intensidad cuando mezclamos una psicóloga forense, una educadora social y una abogada.
Una idea era que los seres humanos no cambian en lo esencial, el individuo ha de presentar una patología determinada o determinable para que puedan realizarse hechos como, por ejemplo, los de tipo delictivo.

Como no puedo mantener un debate sin echar leña al fuego, utilicé un ejemplo sencillo: Defensa propia, estado de necesidad o deber de socorro, que valorados después por el juez, resultan no ser eximentes. Vamos, entrar a casa y que unos señores sin pasamontañas estén apuntando a mis padres con una pistola, o sucedáneos. Si el cuerpo me lo permitiese y no confiase en la rapidez policial, no dudaría en usar un arma de fuego. Cometería un homicidio o delito de lesiones graves.

Y esto me lleva a Philip Zimbardo, quien dijo lo siguiente en una entrevista:
"¿Cómo podemos estar seguros de qué haríamos o dejaríamos de hacer en situaciones  nuevas, diferentes de las que  hemos  encontrado hasta   entonces? 
Desafío las nociones básicas de QUIÉNES creemos que somos, y lo bien que nos conocemos nosotros mismos y a otros durante nuestra vida. ¿Y cuál es nuestra capacidad de predecir lo que harían otros a los que creemos conocer bien cuando la presión de la situación les seduzca hasta el punto de violar principios morales o legales? Sólo nos conocemos nosotros mismos, a nuestra familia y amigos, a partir de pequeñas muestras de comportamiento en un número limitado de situaciones, en las que a menudo todos  estamos jugando  papeles  concretos. Cuando tenemos la libertad de elegir las situaciones en las que entramos o que evitamos, normalmente nos dirigimos a las familiares, seguras, cómodas,  donde nuestros hábitos aprendidos nos permiten desenvolvernos bien.
¿Qué ocurre cuando nos empujan a situaciones completamente nuevas?
Entonces, los viejos hábitos o las características de nuestra personalidad ya no funcionan o no son relevantes y somos vulnerables a las fuerzas de la situación, tales como la dinámica de grupos para conformarnos, la dilución de la responsabilidad de nuestros actos, la deshumanización de otros, los sentimientos de anonimato y pérdida de necesidad de rendir cuentas, entre otros. Podemos entonces hacer cosas que nunca hubiésemos imaginado que pudiéramos hacer sin las influencias sociales de ese momento y lugar."

Yo soy yo y mi circunstancia, que diría Ortega y Gasset. Nuestra verdad es relativa porque nuestra perspectiva también lo es, el contexto. Relatividad, levedad, seres efímeros que aparecen y desaparecen dentro de una misma existencia. Todo es tan frágil y a la vez tan determinante como una decisión.
Y aún así, dentro de la inquietud y del miedo a que suba la marea, nos creemos capaces de juzgar al prójimo, de empatizar, enamorarnos o incluso de dar la vida por otro. 

Llamaría inmediatamente a un budista si conociese el teléfono de alguno...

13 comentarios:

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    1. ;) ¿Seguro que no me pones voz de pito en tu cabeza? Un beso! (Y a mí leerte!)

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    2. Jajaja. Lo cierto es que te escuchaba sin voz. Qué mala eres.

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    3. Jajajajja...Joder, yo qué sé...No estoy en tu mente! Pregunto! Jajajaj...Un besín, melón!

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    4. Melón? Jajaja, por el amor de un dios.

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  2. La metafísica siempre nos causa nauseas existenciales... Quizás lo mejor sea respirar y dejar que los porqués salgan por la ventana. El miedo nos hace tan frágil, tan vulnerables, es ley de vida. Un beso metafísico!

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    1. Al final es una humilde reflexión, sin trascendencia. Un planteamiento. Quedan los actos y lo que los mueve. De una u otra manera, son los sentimientos los que mandan siempre, porque llamamos razón a una cosa que lo es también, sólo que va de blanco y no de rojo. Un besín!!

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  3. Como doctrina me gusta el existencialismo.

    Un arrebato pasional, o un estado de terror interno no tiene por qué desindividualizarnos, sí, sin embargo, deshumanizarnos. Decir que "no sabemos cómo podemos reaccionar ante una situación extrema" es como decir "no sé qué novela me va a salir hasta que la escriba". Mentira. Escribes la novela con una idea ya determinada, te dejarás llevar por la emoción, por la embriaguez, por la sobriedad, por la excitación, por la masturbación -a lo Patti Smith, que se tocaba mientras escribía-, pero la novela quedará según tus habilidades narrativas. Sin más.

    En una situación de miedo, pánico, casi supervivencia, igual. Según tus actitudes desarrollativas en presión actuarás de un modo u otro (matarás o no) y eso, evidentemente, se dilucida conociéndose a uno mismo.

    Un abrazo (produce placer -no onanista- leerte en prosa).
    Ciao.

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    1. Jummm...Esto da para debate. Aunque no nos alejamos mucho, siempre he creído que las circunstancias crean al individuo, y si cambian, cambia. Vale que contamos con unos recursos previos aprehendidos a lo largo de nuestra vida, pero todo ha de moverse dentro de nuestro rol, de las normas iusnaturalistas y la vigilancia que la sociedad ejerce. Si eso desaparece o de repente nos da igual porque "algo" merece más la pena, sí, nos quedan las habilidades propias, pero ¿cómo usarlas?. Y, ¿por qué, entonces, nos arrepentimos de haber actuado de equis manera? ¿por qué nos decimos que si volviese a pasar lo haríamos de otra forma? Me empiezo a ir por las ramas… ¡Gracias por provocarme! Hoy te mando un apretón de manos firme al que añado “Bien jugado”, jajaja…

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  4. Y es que en situaciones de ambigüedad ni nosotros mismos podemos predecir nuestra conducta, joder, dejemos de intentar creer que adivinaremos la de los demás.

    Uf, el Zimbardo éste me tiene frita en clase de Psicología Social xDD Me ha hecho gracia que hablaras de él :P

    Un beso!

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    1. Ahí está el quid de la cuestión. ¿Por qué esperar algo de los demás? Sí, tenemos una idea de cómo actúan nuestros cercanos en ciertas situaciones, pero aún así, a menudo nos defraudan. El problema es nuestro. De ahí mi mención al budismo, aunque ellos lo enfocan desde la reencarnación.
      Conocí a Zimbardo por la educadora social, que me suele mandar cositas relacionadas con su campo. Ánimo con tus clases! Un beso!

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  5. sea lo que sea o sea como sea, seámos pasionales en todo momento.

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    1. Asignatura pendiente me temo, aunque al final de nuestra vida sólo podamos enumerar méritos.
      Un abrazo!

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