lunes, 28 de mayo de 2012

Retrospicere

Llegué a Madrid. Esa vez era para quedarme. Tenía 13 años. 
Por aquel entonces mi madre seguía haciéndome pantalones y heredaba chandals aterciopelados. 
Disfrutaba de esos días previos donde todo es nuevo, donde el hambre sólo es saciado con caminatas de sol a sol de las que no se suele sacar demasiadas cosas en claro.
Un joven me para sacándome de la nube:
-Perdona, ¿tienes papel?
-Ay, no, lo siento. Tengo un boli, si te sirve...
A los pocos días salí de mi error. Sí, había llegado y ya había dejado patente mi 'mojigatismo'. Eso pensé entonces.
La edad del pavo la pasé rápido, haciendo dieta de besos en la frente y de hasta mañanas si Dios quiere, pero , como es lógico, mi "amplitud de miras" no es lo que era.
Ahora que me viene a la mente aquella escena, hay tantas cosas donde pondría el acento...
No sólo en el hecho de que le pidiesen papel a una niña sacada de la Mancha profunda, sino también en lo entrañable de los tiempos, la pureza que aún conservaba mi pensamiento.
Me siento orgullosa de haber vivido en un contexto incorrupto, virgen de marcas, etiquetas y sustancias alucinógenas, de esa ignorancia inicial.
Porque para eso están once años de servicio y las dilataciones estomacales.

4 comentarios:

  1. La inocencia es algo lejano pero imborrable de la memoria poética. Y mejor conservar esa pureza que ensuciarlo todo. Un abrazo!

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  2. Creo que de esa inocencia adorable siempre queda algo que podemos entrever cuando miramos a alguien a los ojos con mucha ternura.

    Precioso.

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  3. Ya somos dos que hemos contestado un par de veces: Tengo un boli, si te sirve... xD
    Di que sí, la inocencia es necesaria, nos sobran los años para ser adultos.

    Un abrazo.

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  4. excelente prosa fluye como el caudal de una inocencia que se escapa entre los dedos.
    un abrazo.

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