viernes, 4 de mayo de 2012

Psicoego


Un yo con gafas de pasta me mira con ojos cómplices y sonrisa inquietante 
desde el diván de las ideas perdidas…
Dibuja, acostada, en una libreta flores y enredaderas… Ahora silba relajada… 
Vuelve a mirarme y se ríe. Mi expresión de extrañeza podría también inmortalizarse.
Sigo mirando el reloj viejo colgado de una pared amarillenta e intento ablandar 
inútilmente la silla de respaldo curvo. 
Las agujas me chasquean los nervios dentro del margen de las piernas cruzadas 
y la espalda recta… Mis dedos bailarines estropean mi escena…
El silencio es tan denso que no sé distinguir si pienso en mí o me ahogo fuera; 
tan tóxico que las palabras se me hacen ácido en la lengua y cualquier ruido 
un tirachinas contra una cristalera…
Espera que me altere de impaciencia, o tal vez no, o sólo me pone a prueba o 
sólo espera o qué sé yo…
Me duelen los ojos de bizquear fijándome en la última uña que aún me queda, 
perdiendo el tiempo conscientemente en no ver más allá del maldito pellejo que 
siempre me sangra y me escuece. No mires, no mires arriba, que el que observa aún muere…

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