domingo, 6 de mayo de 2012

A ella


En la magnolia blanca, en el agua de rosas, en el camino de helechos que guía las baldosas…En el olor de la lana, en las faldas de la mesa, en mis sábanas polares, en mis andares.
En la voz que en mi conciencia grita y en mi rostro sonríe, en las lentes prestadas que me hacen ver con vista fina…y la bañera nunca limpia.
En los ingredientes secretos, espejismo erróneo de carencia de historia, dulce revelación de querencia de maestro…
En los bajos infinitos que piden desesperados no serlo tanto y acaban siempre siendo altos…calcetines calados, lazos de raso…En los armarios de doble fondo y cajones ocultos, en los axiomas pasados, cruces de mi culto.
En los tacones rectos y en mi aún no reconocida torpeza, en las tapicerías perfectas, las cortinas y esa mano heredada que jamás se atrevería. Y ese vestido negro y blanco de lunares, carmín, los préstamos de sombra verde…y los cojines mullidos en que me recuesto día tras día…
El ejemplo que acompaña mis impulsos y los tulipanes que jamás he olido. En la lámpara del cuarto de la ropa y en los refranes olvidados a medias que hablan de señoras.
En la vara verde que es mi pelo y la pequeña banqueta de madera que lo hacía más liviano. En Paloma San Basilio y en las cuerdas vocales que acompañan cada plato. En las carreras en el portal y los tembleques en las piernas aún siendo con limón.
En el secador-nave espacial, en los cambios inmediatos de canal, en los niños olvidados y en las zapatillas regaladas a un descalzo.
En el amor verdadero de ojos castaños y en mi renuncia a perseguir menos.
En el beneficio de la duda que le otorgué a la fe y en el agrado y castigo del saber hacer… Los ‘Si Dios quiere’ y las miradas de barbilla satisfecha, en las veces que ‘lo he visto’ pasados los años y en la sonrisa que me sale al comprobar que sólo hay una y es Ella.

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