lunes, 7 de mayo de 2012

Asesinos de coloquios


Odio la falacia. Odio el debate ridículo. Quizás por eso a mi televisor le sobran todos los canales. Odio la imposición del que cree saber, del que convierte su opinión en axioma irrefutable. Nada me anula más que una discusión de altos volúmenes. Pienso que la riqueza está en la tertulia de orígenes dispersos y participantes diversos. Las opiniones son pensamientos y los pensamientos perspectivas. Las perspectivas son tan infinitas como las vivencias y cada uno lleva en su mochila sus propias piedras. No me valen los puñales disfrazados de argumentos, rechazo las etiquetas por más claras que parezcan. Lo que sirve, lo que prevalece en un debate es el camino…porque difícilmente va a llegar una conclusión unánime. Por lo tanto, conservemos el paisaje, seamos conscientes de que hay mundo más allá de nuestro tubo de cartón, que aunque moleste, no hay nada más apasionante ni más agradecido que encontrarse con quien, desde otro horizonte totalmente opuesto, comparte la instantánea sin otra intención que la mera reflexión. Y desde ésta, la inflexión. Porque a veces, la ideología, es un lastre que aniquila la eficiencia y, lo que es peor aún, la tolerancia.

2 comentarios:

  1. Lo debates ya no son objeto de debate. Existe unanimidad respecto a su vulgaridad. Saludos

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    1. Guardo la esperanza de encontrarlo, aunque sea en lo largo de mi salón. ¡Gracias por pasearte por aquí! Saludos

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